Red de Faros atiende a 1.4 millones de personas al año; su impacto ya rebasa la Ciudad de México

Aunque fueron creados para acercar la oferta cultural a las zonas periféricas de la capital, las Fábricas de Artes y Oficios (Faros) se han convertido en espacios de alcance metropolitano. Habitantes de municipios como Ecatepec, Nezahualcóyotl, Chalco, Chimalhuacán, Tecámac, Tlalnepantla y Los Reyes La Paz cruzan diariamente los límites de la Ciudad de México para asistir a sus talleres y actividades culturales.
En entrevista con El Momento Metropolitano, el subdirector de la Red de Faros, José Luis Galicia Esperón, explicó que este fenómeno ha ampliado el impacto del proyecto, que actualmente atiende a alrededor de 1.4 millones de personas al año.
De ese total, cerca de 800 mil usuarios participan en los talleres que ofrecen los distintos recintos, mientras que otras 600 mil personas asisten a conciertos, funciones de teatro, proyecciones de cine, exposiciones y otras actividades culturales, todas de acceso gratuito.
“La intención original era reducir la brecha de acceso a los servicios culturales y artísticos en las periferias de la ciudad; sin embargo, con el tiempo los Faros se convirtieron en un referente que también atrae a población del Estado de México”, señaló.
Uno de los casos más representativos es el Faro de Oriente, en Iztapalapa, que recibe visitantes provenientes de Los Reyes La Paz, Nezahualcóyotl, Chimalhuacán y Chalco. En tanto, los Faros Aragón e Indios Verdes, ubicados en Gustavo A. Madero, concentran una importante afluencia de personas originarias de Ecatepec, Tecámac y Tlalnepantla.
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A 25 años de la creación del primer Faro, la red está integrada por ocho Fábricas de Artes y Oficios y tres centros culturales, que ofrecen entre 60 y 100 talleres cada uno, diseñados de acuerdo con las características de su comunidad.
Mientras el Faro de Oriente destaca por disciplinas como serigrafía, cartonería, alebrijes y diseño textil, La Pirámide ha enfocado su oferta en la danza y el Faro Azcapotzalco impulsa talleres relacionados con el patrimonio cultural, entre ellos baile folclórico, temazcal y prácticas tradicionales.
Galicia explicó que el acceso gratuito ha sido uno de los factores que ha permitido ampliar el alcance de la Red de Faros y acercar la educación artística a personas que difícilmente podrían costear este tipo de formación.
Más allá de formar artistas profesionales, sostuvo, estos espacios buscan que niñas, niños, jóvenes y personas adultas desarrollen herramientas creativas y una mayor sensibilidad hacia las expresiones culturales.
“El objetivo no es únicamente formar artistas; también buscamos que las personas adquieran un conocimiento estético y visual que enriquezca su vida cotidiana”, afirmó.



