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La otra historia de los mundiales: los tesoros futboleros que guardan los capitalinos

ALCALDÍAS | 22/06/2026| 14:58

No son trofeos ni camisetas firmadas por estrellas internacionales. Son ceniceros, boletos, álbumes, fotografías, maquetas y objetos que durante décadas permanecieron en salas, cajones y vitrinas familiares. Hoy, esos recuerdos personales conforman “La ciudad que no ha dejado de jugar”, una exposición que cuenta la historia de la Ciudad de México a través de la pasión futbolera de sus habitantes.

Ubicada en el Centro Interamericano de Seguridad Social (CISS), en San Jerónimo, la muestra surgió como parte de las actividades rumbo al Mundial de 2026. Sin embargo, en el camino se convirtió en algo distinto: un archivo construido por la memoria colectiva de los capitalinos.

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Mundiales en México (Foto de Efrain Espinoza)

“Lo primero que pensamos es que había que presumir de México, ¿no? Era como lo obvio al principio”, recordó en entrevista con El Momento Metropolitano la curadora Alejandra de la Mora. Pero la idea evolucionó cuando el equipo decidió lanzar una convocatoria abierta para que la ciudadanía compartiera aquellos objetos que habían conservado de los mundiales y de su relación con el fútbol.

“Se nos ocurrió hacer una convocatoria ciudadana muy grande para que la gente nos mandara objetos que guardó, atesoró, coleccionó durante todos estos años”, explicó.

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Mundiales en México (Foto de Efrain Espinoza)

La respuesta superó las expectativas. Durante meses, decenas de personas llegaron con cajas llenas de recuerdos cuidadosamente protegidos. “La gente llegó a mi oficina hace ocho meses con sus cajas y sus cosas que sacábamos así con plástico burbuja y íbamos viendo las joyas”, relató.

El resultado es una exposición donde cada pieza cuenta una historia familiar. Una de ellas es una figura de Pico, mascota del Mundial de 1986, que durante años ocupó un lugar especial en una sala.”Estábamos con el coleccionista y la esposa decía: ‘Eso estuvo en mi sala todos estos años y nadie toca el Pico. No lo vayan a romper'”, contó entre risas la curadora.

Para De la Mora, esa carga emocional es precisamente lo que distingue a la muestra. “Esta exposición sea tan bonita porque viene del corazón de las personas”, afirmó.

De México 70 al descubrimiento del color

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Mundiales en México (Foto de Efrain Espinoza)

El recorrido comienza con el Mundial de 1970, la primera gran experiencia mundialista para el país y para la capital. “México en 1970 descubre el mundial y es nuestra primera gran fiesta mundialista”, explicó.

La exposición recuerda una época marcada por hitos que transformaron la experiencia del deporte: la inauguración del Estadio Azteca, la popularización de los álbumes Panini y la llegada de la televisión a color. “Imagínense lo que sintió la gente de repente prender la tele y ver a sus jugadores a color”, comentó.

Las mujeres que abrieron el camino

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Mundiales en México (Foto de Efrain Espinoza)

Uno de los apartados más significativos está dedicado al Mundial Femenino de 1971, celebrado en México y seguido por miles de aficionados, aunque sin reconocimiento oficial de la FIFA en aquel momento.

La muestra rescata la historia de las futbolistas mexicanas que alcanzaron el subcampeonato y que, pese a las limitaciones de la época, abrieron camino para las nuevas generaciones.”Son nuestras pioneras del fútbol femenino, abrieron el camino”, señaló.

Entre las piezas exhibidas destacan uniformes, fotografías y retratos contemporáneos realizados por la fotógrafa Ivonne Venegas, que muestran a aquellas jugadoras reunidas décadas después de aquella hazaña.

“Haber tenido la suerte en esta vida de encontrarme con esta historia y poderlas hacer parte de una exposición sobre fútbol y la Ciudad de México es por mucho lo que más me ha gustado del proceso”, reconoció.

El Mundial que ayudó a sanar

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Mundiales en México (Foto de Efrain Espinoza)

La exposición también dedica un espacio a México 86, un torneo que llegó apenas un año después del terremoto de 1985.
Más allá de los partidos, la muestra explora cómo el fútbol se convirtió en una vía para reconstruir el ánimo colectivo de una ciudad golpeada por la tragedia.

“La gente estaba tan eufórica porque fue una manera de sanar, de festejar, de salir a la calle, de hablar de otra cosa, de agradecer un poco la ayuda internacional que habíamos recibido”, reflexionó.

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