Miles vibraron con Shakira desde la Alameda Central
No todos lograron llegar al Zócalo, pero nadie quiso quedarse sin cantar. Miles de personas se congregaron en la Alameda Central.

No todos lograron llegar al Zócalo, pero nadie quiso quedarse sin cantar. Miles de personas se congregaron en la Alameda Central y a lo largo de avenida Juárez para seguir, a través de pantallas gigantes, el concierto que Shakira ofreció en la Plaza de la Constitución.
Desde poco después de las 18:00 horas, familias enteras comenzaron a ocupar las jardineras, las banquetas y cualquier espacio disponible frente al Palacio de Bellas Artes.
El ambiente era festivo: niñas con pelucas moradas y coronas brillantes, adolescentes maquilladas con lentejuelas, padres cargando a sus hijas sobre los hombros para que alcanzaran a ver las pantallas.
Cada rincón se convirtió en una pequeña tribuna improvisada.
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Aunque el llamado de las autoridades fue evitar el consumo de alcohol en la vía pública, en la zona no faltaron latas y vasos en mano. Entre la multitud también se multiplicaron los vendedores ambulantes, quienes ofrecían desde camisetas y banderas hasta accesorios alusivos a la cantante colombiana.
El concierto, anunciado para iniciar antes, comenzó cerca de las 21:00 horas. Cuando finalmente aparecieron las primeras imágenes en las pantallas, un grito colectivo recorrió la avenida Juárez.
Decenas de celulares se alzaron al mismo tiempo, como si se tratara de un ritual moderno para capturar el instante. La transmisión fue suficiente para desatar los coros: miles cantaron al unísono, mientras otros miraban con una mezcla de emoción y resignación por no haber logrado entrar al Zócalo.

En el intento por conseguir una mejor vista, algunos asistentes —e incluso elementos policiacos— se subieron a las jardineras frente al Palacio de Bellas Artes. A unos metros, la Torre Latinoamericana se iluminaba con anuncios, testigo vertical de una noche en la que la música rebasó el perímetro del primer cuadro de la ciudad.
Hubo quienes intentaron abrirse paso rumbo al Zócalo, caminando aprisa entre la multitud, mientras conductores de bicitaxis voceaban a todo pulmón traslados exprés hacia la Plaza de la Constitución. Sin embargo, para muchos la Alameda fue destino final.
Sin escenario propio, pero con pantallas y altavoces, la Alameda se convirtió en una extensión del concierto. Ahí, entre árboles y luces, miles de fans se conformaron con mirar a distancia, pero cantaron como si estuvieran en primera fila.



