“Dani y el profundo mar azul”: amor brutal y ternura en escena
El amor también puede surgir en medio de la violencia, la soledad y la rabia. Esa es la premisa de “Dani y el profundo mar azul”.

El amor también puede surgir en medio de la violencia, la soledad y la rabia. Esa es la premisa de “Dani y el profundo mar azul”, del dramaturgo estadounidense John Patrick Shanley, que llega a la cartelera capitalina bajo la dirección de Cristian Magaloni y con las actuaciones de Samantha Coronel y Xavier García.
La puesta en escena —con traducción y adaptación de Roberto Cavazos y Sofía Morfín Jean— traslada la historia original del Bronx a Tamaulipas, en un intento por dialogar con el contexto de violencia que atraviesa el norte del país. En un bar vacío, Dani y Roberta, dos desconocidos marcados por heridas profundas, se enfrentan en una noche que comienza con agresiones verbales y termina revelando una necesidad urgente de ternura.
En entrevista con El Momento Metropolitano, Samantha Coronel quien da vida a Roberta, profundiza en la complejidad emocional del personaje. “Roberta está rota, pero no desde la fragilidad, sino desde la defensa. Es una mujer que aprendió que si no ataca primero, la van a destruir. Yo he tenido que reconciliarme con mis propias defensas para poder interpretarla sin juzgarla”, comparte.
La actriz explica que uno de los mayores retos fue sostener la intensidad emocional durante los 80 minutos que dura la obra. “No hay escapatoria. Somos él y yo en escena todo el tiempo. Es como correr un maratón emocional cada función. Terminas exhausta, pero también liberada”, relata. Para lograrlo, el trabajo previo fue minucioso: análisis de texto, improvisaciones y conversaciones profundas con el director sobre los silencios, las pausas y lo que no se dice.
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Sam también reflexiona sobre el tipo de violencia que retrata la obra. “No es solo la violencia física o la que vemos en las noticias. Es la violencia emocional, la que se hereda, la que se aprende en casa, la que normalizamos. Roberta no sabe pedir amor porque nunca le enseñaron cómo hacerlo”, señala. En ese sentido, considera que la adaptación al contexto del norte del país potencia el mensaje. “Hay heridas colectivas que siguen abiertas y el teatro puede ser un espejo incómodo, pero necesario”.
Durante la conversación, la actriz habla de su propia historia. Originaria de Culiacán, llegó a la Ciudad de México hace 13 años con la convicción de dedicarse profesionalmente al teatro. “No tenía contactos ni un camino claro. Solo sabía que quería contar historias”, recuerda. Su primer montaje profesional, El asesino entre nosotros, permaneció dos años en cartelera, una experiencia que le confirmó que había elegido el camino correcto.
Sobre el proceso con Cristian Magaloni, destaca la exigencia y la contención. “Cristian es muy riguroso. Nos pidió que no actuáramos el dolor, sino que lo entendiéramos. Que encontráramos humanidad incluso en los momentos más crudos. Eso cambió por completo mi aproximación al personaje”.
Sam subraya que, aunque la obra es intensa, también tiene momentos de humor que sorprenden al público. “La gente se ríe en situaciones muy incómodas, y eso es maravilloso. El humor es un mecanismo de defensa, igual que el de los personajes. Nos reímos porque nos reconocemos”.
Para ella, el teatro sigue siendo un espacio de resistencia. “En una época de inmediatez, donde todo se consume rápido, el teatro te obliga a estar presente. No puedes adelantar la escena ni pausar la emoción. Es un acto de valentía tanto para el actor como para el espectador”, afirma.
Dani y el profundo mar azul se presenta del 18 de febrero al 13 de mayo, los miércoles a las 20:30 horas en La Teatrería (Sala A), en la colonia Roma Norte. La duración es de 80 minutos. El costo del boleto es de 600 pesos, con 30 por ciento de descuento para estudiantes, maestros e INAPAM con credencial vigente.
“Es una historia de amor sin adornos”, concluye Sam. “Dos personas que no saben amar, pero que aun así lo intentan. Y eso, en estos tiempos, ya es profundamente esperanzador”.



