En BADA, el artista se encuentra cara a cara con su público

El Momento Metropolitano estuvo presente en BADA y conversó en exclusiva con algunos artistas.
Por unos días, la Ciudad de México dejó de ser solo una capital para convertirse en el epicentro del arte contemporáneo en América Latina. Del 2 al 8 de febrero de 2026, la Semana del Arte transformó museos, calles, galerías, ferias y espacios independientes en un enorme circuito creativo que reunió a artistas, coleccionistas, curadores y público internacional.
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Entre todas las ferias, hubo una que rompió con las reglas tradicionales del mercado del arte: BADA, una feria que elimina intermediarios y permite que el público compre directamente a quien crea. Este 2026, BADA celebró su sexta edición en los Jardines del Campo Marte, en la Ciudad de México. Ahí, más de 2 mil obras convivieron bajo el mismo techo, creadas por 200 artistas seleccionados entre más de 3 mil postulaciones, provenientes de México, América Latina, Europa, Medio Oriente y África. Pintura, escultura, fotografía y propuestas multidisciplinarias compartieron un mismo espíritu: hacer del arte una experiencia cercana, humana y accesible.
“BADA no es una feria, es una fiesta del arte. Queremos que el arte deje de ser inaccesible y vuelva a manos de los artistas y de la gente”, afirmó Ana Spinetto, creadora y directora del proyecto.
Caminar por BADA es escuchar historias, risas, emociones, silencios. No hay muros entre el artista y el espectador. Hay mesas, sonrisas, preguntas, miradas que se cruzan y conversaciones que nacen frente a una obra. El Momento Metropolitano estuvo presente en BADA y conversó en exclusiva con algunos artistas. El arte contado por quienes lo crean.
José Cacho: provocar desde adentro

Para José Cacho, BADA es más que una feria: es un espacio donde ocurre algo esencial.
“Soy curioso, investigador, me gusta el cambio. Para mí es una súper oportunidad interactuar con la gente, con las familias que vienen a ver y a comprar arte. Llevo seis años asistiendo desde la primera edición porque aquí puedes ver de frente al coleccionista y tener una retroalimentación real”, contó.
Su obra busca algo muy concreto, provocar una emoción interna.“No va hacia afuera, va hacia adentro. Mi obra está enfocada en la mujer, en su importancia como líder. Para mí, la mujer es el centro del universo”, subrayó.
Lo que más disfruta no es vender, sino descubrir nuevas lecturas. “A veces la gente ve cosas en mi obra que yo no había notado. Eso es lo que más me gusta”, mencionó.
Diego de Erice: resignificar desde la luz

Creador del proyecto No Bunny, Diego de Erice define su obra como un proceso constante de reconstrucción. “Soy una persona sin límites, con una capacidad de reinvención constante. Mi discurso busca resignificar, tocar el corazón, ayudar a que cada persona encuentre su mejor versión”. Su trabajo en bronce, acero pulido, técnicas mixtas y acrílicos, habla de luz y sombra.
“No se trata de pelear con la oscuridad, sino de entender tu luz para potencializarla”.
Para él, BADA tiene un valor sentimental. “Es la feria que me vio nacer. Fue la primera donde participé. Regresar ahora, más consolidado, es como volver a casa”, dijo.
Nelson Nopo: visibilizar la gentrificación

Desde Oaxaca, Nelson Nopo llega con una obra cargada de identidad.
“Me inspira la cultura popular de donde soy y me gusta fusionarla con el pop. Una imagen no es solo una imagen: es una idea”.
Su trabajo también es socialmente crítico. “Habla de la gentrificación en Oaxaca, de cómo las artesanías están perdiendo sentido. Si estamos produciendo algo, eso habla de nuestro presente”.
Para él, BADA es un escaparate necesario. “Aquí mostramos lo que somos como artistas”.
Ignacio Chávez: el arte como contemplación

Originario de Querétaro, Ignacio Chávez trabaja con óleo y define su búsqueda como un ejercicio constante de empatía.
“Me gusta experimentar, curiosear, encontrar maneras de alcanzar algún tipo de expresión”. Su deseo es simple pero profundo:
“La mayor experiencia estética sería que alguien entre en un estado de contemplación, sin juicio. Si eso pasa con mi obra, me doy por realizado”.
Lleva 12 años pintando y asegura que BADA le ha dado algo invaluable: conexión. “Estoy muy contento de estar aquí, conociendo gente, recibiendo críticas de personas que consumen arte”.
Fernando Mancilla: amor y paz

Con más de 45 años de trayectoria, Fernando Mancilla, escultor radicado en Cuernavaca, trabaja con resina, bronce y mármol.
“Soy de amor y paz, vengo de la época de los hippies y sigo siendo el mismo”, mencionó. Su proceso inicia con plastilina, luego moldes, después la obra final.
“Yo espero que mis piezas generen alegría. Los artistas somos como niños, tenemos ese niño interno”.
Para él, BADA es comunidad. “Aquí escuchamos a la gente, sus inquietudes, sus críticas. Eso también es parte del arte”.
Begoña Autrique: alegría hecha materia

La obra de Begoña Autrique nace del juego con el plástico y el calor.
“Uso termodinámico: el plástico se arruga, se transforma. Quiero que la gente se alegre al verlo”.
Creció rodeada de arte gracias a su abuela. “Me quedaba con sus hojas, empecé a jugar con plástico. Ahora hay gente que compra lo que hago”. Para ella, BADA es un paso más, “es una meta, quiero que la gente me conozca, que pregunte”.



