
¿Te imaginas cambiar el caos del Periférico por un café recién hecho y el partido de fondo en la comodidad de tu sala? El sueño de trabajar en pijama mientras el mundo pone sus ojos en México está más cerca de ser una realidad. ¿Será posible?
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A solo 127 días de que ruede el balón en el Mundial 2026, la capital no solo se alista para recibir a miles de aficionados, sino para transformar radicalmente nuestra forma de trabajar y movernos.
La logística de un evento de esta magnitud es, para ser honestos, un reto titánico. Con una estimación de 5 millones de turistas repartidos entre las sedes mundialistas, la capital mexicana enfrenta el desafío de no colapsar. Por ello, la secretaria de Turismo local, Alejandra Frausto, ha puesto sobre la mesa una propuesta que suena a música para los oídos de muchos oficinistas: el regreso masivo al trabajo remoto durante los días de partido.
Esta iniciativa no es un capricho, sino una necesidad estratégica. La idea es que, mediante una colaboración estrecha con el sector empresarial, se reduzca significativamente el uso del automóvil particular. Si logramos que una buena parte de la fuerza laboral se quede en casa, las arterias viales de la metrópoli podrán respirar, permitiendo que la movilidad fluya hacia los puntos estratégicos de la justa deportiva sin detener la vida cotidiana de quienes habitamos aquí, es lo que se pone en mesa.
Un Mundial que se vive en la oficina… y en la calle
El plan va mucho más allá de evitar los embotellamientos. El objetivo de las autoridades es que el Mundial 2026 sea una “experiencia colectiva”. Alejandra Frausto explicó recientemente que la intención es que incluso aquellos que no tengan un boleto para el Estadio Azteca puedan sentir la vibración del torneo. Para ello, se instalarán sedes alternas en las 16 alcaldías, donde se transmitirán los partidos y se realizarán actividades culturales y recreativas.
El esquema de “home office” propuesto para los días de mayor actividad busca que la ciudad mantenga su operatividad económica sin sacrificar la hospitalidad. La estrategia incluye potenciar el transporte público y fomentar zonas de esparcimiento seguras. Se espera que la derrama económica no solo se quede en las grandes cadenas hoteleras, sino que llegue a los mercados, comercios locales y productores originarios, permitiendo que el beneficio del turismo mundialista se distribuya de manera más justa en los barrios tradicionales.
Además de las pantallas gigantes, la CDMX desplegará una oferta cultural robusta. Museos, exposiciones históricas y festivales callejeros formarán parte de la agenda para que los visitantes —y nosotros los locales— redescubramos la capital.
En palabras de la funcionaria, la meta es proyectar una imagen de orden y calidez, demostrando que somos la “sede del turismo” por excelencia. Con el home office como aliado, el mundial promete ser recordado no por el tráfico, sino por la fiesta. ¿Qué opinas? ¿Te gustaría que esta propuesta sea aprobada?




