Por: Israel Reyes
Durante la madrugada del pasado viernes 16 de enero, el suelo volvió a temblar. Un sismo de 5 grados se registró en la localidad de San Marcos, Guerrero. Sin embargo, en la Ciudad de México, el movimiento de la tierra fue casi imperceptible. Lo que en realidad asustó y despertó a los capitalinos fue el sonido de la alarma sísmica que, desde hace algunos meses, suena en los celulares cuando un temblor se aproxima.
A los pocos minutos del suceso, comenzó a viralizarse en redes sociales una gran cantidad de memes y publicaciones donde la gente se quejaba del sonido de la alarma. “Se debería considerar violencia psicológica el uso de la nueva alerta sísmica”, dice una usuaria de X. Otra más, publicó: “Es más probable que esa alerta sísmica me mate de un infarto a que me muera en un sismo de verdad”.
Este nuevo modelo de alerta, que comenzó a utilizarse en 2024 durante el simulacro del 19 de septiembre, forma parte del Sistema de Alertamiento Masivo, y funciona a través de una tecnología conocida como Cell Broadcast. A través de esta, el sistema se activa cuando los sensores sísmicos del país detectan las ondas iniciales de un sismo de gran magnitud. Dado que la señal de alerta viaja más rápido que las ondas sísmicas que provocan el movimiento intenso, esto permite que la alarma se active en los teléfonos celulares con varios segundos de anticipación, antes de que se perciba el temblor. Estos segundos, aunque parezcan pocos, son cruciales para alcanzar a evacuar o resguardarse lugar seguro
El sistema Cell Broadcast es lo que hace posible que el Gobierno de México y el Servicio Sismológico Nacional envíen mensajes de emergencia de forma simultánea a los teléfonos móviles sin necesidad de internet, saldo o datos móviles. La alerta aparece incluso si el celular está bloqueado o en modo silencio, precisamente porque el objetivo de esta es interrumpir cualquier actividad y advertir del riesgo inmediato.
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Sin embargo, a varias personas este sonido les ha causado altos niveles de miedo, ansiedad y estrés postraumático.
“Creo que la nueva alerta es más invasiva y exagerada que la anterior, me pone bastante ansiosa”, cuenta Rebeca Marsan para este medio.
“Pero bueno, al final sí cumple la función de alertar a la población y siento que sin importar el sonido, la alerta siempre va a causar una ansiedad colectiva por todo lo que conlleva: el peligro de que algo malo pueda pasar, y los recuerdos de temblores anteriores”, dice la joven de 25 años, vecina de la colonia Pedregal de Santo Domingo.
Para entender estas reacciones, El Momento Metropolitano habló con la psicóloga María Fernanda Baza Orozco, quien explica que la frecuencia de alerta sísmica está diseñada específicamente para estimular el sistema nervioso de las personas y provocar una reacción emocional rápida, siendo la más importante de ellas el miedo.
“A nadie nos gusta sentir miedo, pero la función de esta emoción es ponernos a salvo y hacer que nos movamos. Sin embargo, no podemos generalizar a todas las personas cuando cada uno es un individuo diferente con experiencias diferentes. No todos reaccionamos igual al miedo. Hay quienes corren, se paralizan, o incluso han habido casos de personas que se avientan por las ventanas”, sostiene Baza Orozco.
La psicóloga agrega que el miedo, es también una de las emociones que generan mayor memoria, lo que ocasiona que la gente sienta estrés postraumático cuando escucha la alerta, sobre todo a partir de los acontecimientos del temblor del 19 de septiembre del 2017.
“Las personas que viven en una ciudad donde hubo un desastre como este, generan algo que se llama trauma, el cual es un evento abrumador que se vuelve difícil de afrontar, causando en muchas ocasiones ansiedad, depresión y problemas de sueño”.
Por su parte, el doctor Isaac Chávez Díaz, anestesiólogo de la UNAM, explicó a través de redes sociales que la respuesta fisiológica al sonido de la alarma es un aumento en la frecuencia cardíaca, una liberación de adrenalina y de cortisol, así como un incremento en el estado de alerta. De igual forma, señaló que al tratarse de una frecuencia que no tiene melodía ni ritmo agradable, el cerebro no se puede acostumbrar a ese sonido ni lo puede ignorar.
“No importa el idioma que hables o la edad que tengas, tu cerebro siempre lo va a interpretar como un peligro”, señala el médico.
En redes sociales han circulado a manera de opinión varias ideas para que sustituyan el sonido de la alerta por uno más amigable, quizás una canción o una voz que te diga qué hacer. Sin embargo, para María Fernanda Baza, el problema está más bien en que no se ha logrado llevar a la población a una adecuada acción sobre la alerta sísmica, a una buena gestión del miedo.
“Por más que pongan las mañanitas o cualquier otra melodía, si vivimos un trauma vamos a volver a generar esa reacción pero ahora con esa canción. Aparte, de entrada, otro sonido no nos va a lograr despertar por las noches ni nos va a ayudar a ponernos en un estado de alerta”.



